Conócenos
Lo primero que percibimos cuando un pájaro expulsa el aire de sus pulmones a través de la siringe, son una serie de sonidos, producidos por la vibración de las membranas siríngeas, que pueden ser perfectamente transcritos y representados en un pentagrama por medio de los diferentes signos y notas musicales al uso, componiendo con ello una melodía al cantar, creando música, ya que estos sonidos conjugan en sí mismos esas tres características fundamentales de la música, como son: el ritmo, la melodía, y la armonía. Igualmente, podremos distinguir y diferenciar claramente, por aproximación sonora, en el sentido fonético, las vocales y las consonantes que componen los diferentes pasajes musicales o giros emitidos por el canario en la ejecución de su canto.
Para empezar, cuando oímos cantar a un canario, estamos oyendo unos sonidos que en principio podrán ser buenos o malos, según sean musicales y melódicos, o simplemente se trate de ruidos. Por lo tanto, siendo esta la primera diferencia clara que percibimos al oír cualquier sonido será necesario saber en qué consiste esta diferencia. Hay que hacer constar que teóricamente la diferencia no es muy clara, ya que a veces un sonido musical puede dar la sensación de ruido y en otras un ruido puede adquirir calidad musical, cuando se asocia a otros sonidos, pero, a pesar de ello, podremos decir que la diferencia estriba fundamentalmente en que, mientras en el sonido musical es posible determinar su entonación y que las vibraciones emitidas son regulares, en el ruido las vibraciones son irregulares y no es posible determinar su entonación.
En los años cuarenta un grupo de aficionados madrileños se propuso recuperar la antigua raza del País. Fruto de su trabajo fue que, en 1950, se confeccionase, basado en el del canario Roller, el primer Código de Canto. En 1954 la Asociación de Canaricultores Españoles confeccionó un nuevo Código de Canto y bautizó a la raza con el nombre de Timbrado Español. Así se mantuvo la situación hasta que, en los años cuarenta, un grupo de socios de la Asociación de Canaricultores Españoles, de Madrid, se propuso recuperar nuestra antigua raza de canarios. El debate surgió entre la afición y entre todos se pusieron "manos a la obra". En los años cincuenta se realizó el primer "Código de Canto" y se le dio un nuevo nombre a la raza: "Timbrado Español". Ya en esta época destacaban dos corrientes dentro de la afición, que propugnaban dos líneas de canto diferentes, una de ellas se encontraba en Asturias (corriente mayoritaria entre los criadores de la A.O.N.S. y la otra en Madrid (en torno de la A.C.E.), era una muestra más del entusiasmo con el que se acogió de nuevo entre la afición esta raza autóctona.
El siguiente paso fue solicitar el reconocimiento internacional de la raza, lo que se produjo en el año 1956, con ocasión del "IV Campeonato Mundial de la C.I.C.", celebrado en Barcelona. El resultado no pudo ser más decepcionante: la comisión encargada de valorar la nueva raza desestimo su reconocimiento internacional por considerarla el fruto no depurado de cruces con el canario Roller. Fue en Bruselas, en el año 1962, durante el transcurso del "X Campeonato Mundial de la C.O.M.", y a instancias de la A.C.E., cuando por fin se reconoció internacionalmente al Timbrado Español. Mucho se ha avanzado desde entonces y numerosos han sido los Códigos de Canto y planillas de enjuiciamiento que se han sucedido; muestra inequívoca del arraigo y del interés despertado por el canario de Canto Timbrado Español entre la afición española. El canario del País era, supuestamente y según creían los canaricultores de la época, el descendiente directo más puro de los primeros canarios silvestres criados en cautividad en España, por ello se suponía que su genotipo y fenotipo eran los más próximos a su antepasado salvaje; no obstante, es imposible hablar de este tipo de canarios como constitutivo de una raza, ya que los canarios del País carecían de la homogeneidad fenotípica, grosso modo, que caracteriza a las razas fijadas y seleccionadas.










